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Cómo escribir diálogos que suenen reales: técnicas para escritores jóvenes

Persona escribiendo diálogos en un cuaderno

Cuando leo los primeros textos de escritores jóvenes —en talleres, en colegios, en los mensajes que me llegan a través de la web—, hay un elemento que casi siempre falla antes que cualquier otro: los diálogos. No porque los jóvenes escritores no sepan lo que sus personajes quieren decir, sino porque no saben cómo hacer que lo parezca natural en el papel.

Los diálogos son, paradójicamente, uno de los elementos más difíciles de la escritura narrativa. En la vida real, las conversaciones están llenas de interrupciones, de silencios, de cosas que no se dicen. Trasladar eso al papel requiere técnica.

Los 5 errores más comunes

1. El diálogo informativo

«Como ya sabes, Calan, llevas tres años en Sainsbury y eres el mejor remero del colegio». Los personajes no se dan información que ya saben. Cuando un diálogo suena a que los personajes están explicándole al lector cosas que ellos ya conocen, algo falla. Los personajes hablan para conseguir algo, no para informar al lector.

2. Todo el mundo habla igual

Si puedes intercambiar las palabras de dos personajes sin que cambie nada, esos personajes no tienen voz propia. Valentina habla de forma directa y con ironía ocasional. Su padre, el inspector Roca, habla con más formalidad y más lentitud. Sofía habla rápido, con entusiasmo, con humor. Esas diferencias son las que hacen que el lector sepa quién habla sin necesitar que se lo digan.

3. El abuso de verbos de diálogo creativos

«—Ya veo —espetó él», «—¿De verdad? —interrogó ella», «—Sí —aseveró la anciana». El verbo «dijo» es casi siempre la mejor opción. Es invisible: el lector lo procesa sin notarlo. Los verbos creativos llaman la atención sobre sí mismos y sacan al lector de la escena.

4. Los diálogos demasiado perfectos

Las personas reales no hablan en párrafos bien construidos. Se interrumpen, empiezan frases que no terminan, cambian de tema, dicen «eh» y «bueno» y «no sé». Un poco de eso en los diálogos —no demasiado— los hace sonar mucho más naturales.

5. El diálogo que no avanza la historia

Cada diálogo tiene que hacer al menos una de estas cosas: revelar algo del carácter de los personajes, avanzar la trama o cambiar la relación entre los personajes. Si un diálogo no hace ninguna de las tres, probablemente sobra.

4 técnicas que funcionan

Técnica 1: Lee el diálogo en voz alta

Esta es la prueba definitiva. Si al leerlo en voz alta te tropiezas, si alguna frase te parece imposible de decir, si suena a libro de texto más que a conversación real, hay que reescribirlo. El oído es mejor editor de diálogos que el ojo.

Técnica 2: El subdiálogo

Lo que los personajes no dicen es tan importante como lo que dicen. Dos personajes que están enfadados pero intentan aparentar que no lo están hablan de una cosa mientras piensan en otra. Ese contraste entre lo que se dice y lo que se siente es la base del diálogo dramático.

En Valentina Roca, hay varias conversaciones entre Valentina y su padre en las que ella sabe cosas que él no sabe. El lector ve ese subdiálogo: la tensión entre lo que Valentina dice y lo que piensa.

Técnica 3: Cada personaje quiere algo concreto en cada escena

Antes de escribir un diálogo, pregúntate: ¿qué quiere conseguir cada personaje en esta conversación? No en general —no «Calan quiere salvar a sus amigos»—, sino en este diálogo específico. ¿Quiere información? ¿Quiere convencer a alguien? ¿Quiere evitar una pregunta? Cuando los personajes tienen objetivos concretos, el diálogo genera tensión de forma natural.

Técnica 4: Usa la acción durante el diálogo

Los personajes no hablan en el vacío. Mientras hablan, hacen cosas: caminan, comen, recogen objetos del suelo, miran por la ventana. Integrar esas acciones en el diálogo hace la escena más visual y rompe la monotonía de los intercambios de turnos.

Un ejercicio para practicar

Escoge dos personajes que tengan una relación tensa —pueden ser de un libro que hayas leído o inventados por ti—. Uno de ellos tiene un secreto que el otro quiere descubrir. El que tiene el secreto intenta ocultarlo; el otro intenta extraerlo. Escribe la conversación sin que ninguno de los dos hable directamente del secreto. Eso es escribir diálogo.

David Mateos

Si estás trabajando en una historia propia, puedes escribirle a través de davidmateos.com. Sus sagas Valentina Roca y Calan Kennett son buenos ejemplos de distintos tipos de voz narrativa.