La frase de la ley, y en qué se diferencia de la de Primaria
El desarrollo de la LOMLOE para Secundaria es el Real Decreto 217/2022. Lo que dice sobre lectura está en el artículo 6.3, entre los principios pedagógicos de la etapa:
«A fin de promover el hábito de la lectura, se dedicará un tiempo a la misma en la práctica docente de todas las materias.»
Y esta es la de Primaria, en el Real Decreto 157/2022, artículo 6.8:
«A fin de fomentar el hábito y el dominio de la lectura, todos los centros educativos dedicarán un tiempo diario a la misma, en los términos recogidos en su proyecto educativo.»
Puestas una al lado de otra se ve lo que cada una pide. En Primaria la palabra que manda es diario: la norma fija una frecuencia y deja libre el resto. En la ESO desaparece diario y aparece todas las materias: la norma no fija frecuencia, fija extensión. Son dos exigencias distintas, y copiar el plan de Primaria cumple con la de Primaria.
Conviene decir también lo que ninguna de las dos hace: no fijan cuántos libros hay que leer, ni cuáles, ni cuántos minutos. Quien busca ese número en el BOE no lo encuentra porque no está escrito. Lo concretan las instrucciones de cada comunidad autónoma y, sobre todo, el proyecto educativo del centro.
La consecuencia: en la ESO el plan lector no cabe en un departamento
En Primaria, un tutor sostiene casi todo el horario de su grupo. Si decide leer veinte minutos después del recreo, lee. En la ESO ese mismo grupo pasa por ocho o diez profesores distintos, ninguno de los cuales controla más de tres o cuatro horas semanales, y ninguno puede imponer nada a los demás.
Por eso un plan lector de instituto firmado solo por el departamento de Lengua Castellana y Literatura no es un plan lector de centro: es la programación de una materia. Y es también la razón de que tanta gente busque cómo montar la lectura en Matemáticas, Biología o Ciencias Sociales, que a primera vista suena raro y en realidad es exactamente lo que pide el artículo 6.3.
Lo que funciona no es pedirle a cada departamento que mande leer una novela. Es repartir tipos de texto:
- Matemáticas y Física y Química: enunciados largos, gráficos con su pie, noticias con datos. Leer un problema entero antes de buscar los números es una destreza lectora, y es la que más suspensos evita.
- Biología y Geología: divulgación científica breve y fichas de especie. Es texto expositivo con vocabulario técnico, que casi no aparece en las lecturas de Lengua.
- Geografía e Historia: fuentes primarias cortas, mapas con leyenda, prensa. Aquí la lectura crítica —quién escribe esto y para qué— tiene su sitio natural.
- Tecnología: instrucciones, manuales, normas de seguridad. Es el texto que más van a leer en su vida adulta y el que menos se trabaja.
- Lengua y Literatura: la lectura larga y literaria, que sigue siendo suya y no debería diluirse en el reparto.
Escrito así, el plan cabe en una página y cada departamento puede firmar la suya. Escrito como «todo el claustro fomentará la lectura», no lo aplica nadie.
1.º y 2.º de la ESO: el curso donde se pierden los lectores de Primaria
El salto de 6.º de Primaria a 1.º de la ESO es el punto del sistema donde más hábito lector se pierde, y no por falta de nivel. Es un cambio de centro, de horario, de profesorado y de grupo, todo el mismo septiembre. La lectura, que en Primaria tenía un rato protegido, se queda sin dueño.
Lo que sostiene el hábito en estos dos cursos:
- Que alguien tenga el rato en el horario. Media hora semanal de tutoría dedicada a leer vale más que una declaración de intenciones firmada por doce profesores.
- Novela con trama fuerte y capítulos cortos. A los doce años el lector se gana con la pregunta sin resolver, no con el prestigio del título.
- Elección real dentro de un abanico. Una lectura común corta y tres o cuatro opciones alrededor. Es lo mismo que funciona en tercer ciclo de Primaria, y por las mismas razones: en un aula de 1.º de la ESO la distancia entre el que devora sagas y el que no ha terminado un libro en dos años es enorme.
Si el problema de tu grupo es el segundo caso, está desarrollado en cómo despertar el gusto por la lectura en niños que no leen. Y si vienes de montar el reparto de la etapa anterior, el hermano de este artículo es el plan lector de Primaria: qué leer en cada curso, de 1.º a 6.º.
3.º y 4.º: de leer literatura a leer para decidir
En 3.º entra la historia de la literatura con más peso y aparece la tentación de convertir el plan lector en un temario. Merece la pena resistirla: el plan lector y el canon de la asignatura no son lo mismo, y mezclarlos suele terminar con un alumnado que sabe quién fue Bécquer y no ha elegido un libro en su vida.
Cuarto es un curso aparte, y lo dice la propia norma. El artículo 3.3 del Real Decreto 217/2022 establece que «el cuarto curso tendrá carácter orientador, tanto para los estudios postobligatorios como para la incorporación a la vida laboral». La etapa comprende cuatro cursos (artículo 3.2) y se cursa, con carácter general, entre los doce y los dieciséis años (artículo 5.1); para una parte del alumnado, 4.º es la última lectura guiada de su vida académica.
Un plan coherente con eso mete en 4.º lo que se lee fuera del instituto: prensa con su sesgo, un ensayo divulgativo entero, un texto técnico, un contrato de trabajo, unas condiciones de una aplicación. No sustituye a la lectura literaria, la acompaña.
Objetivos y evaluación sin convertirlo en un examen
Los dos apartados que más se atascan al redactar el documento son los objetivos y la evaluación, y suelen fallar por lo mismo: se escriben como intenciones que no se pueden comprobar. «Fomentar el gusto por la lectura» no es un objetivo, es un deseo.
Un objetivo sirve si se puede saber si se ha cumplido. «Que cada alumno termine tres lecturas completas y elija al menos una», «que las cinco materias del acuerdo lleven una lectura propia por trimestre», «que el rato semanal de lectura no se use para otra cosa en más de dos ocasiones por trimestre» son comprobables, y por eso se pueden revisar en junio.
Sobre la evaluación, la trampa clásica es medir el plan con controles de lectura, que es la forma más rápida de enseñar a leer resúmenes en internet. Alternativas que dan información real sobre si se ha leído y además no matan el hábito: la conversación en grupo pequeño, la recomendación escrita a un compañero, el diario de lectura breve. Las tengo desarrolladas por edades en preguntas de comprensión lectora por edades: guía para docentes.
Y el reparto de papeles conviene dejarlo escrito, porque en un instituto se olvida: qué firma el centro y qué concreta cada aula está en plan lector de centro: qué obliga la ley, qué lleva dentro y quién lo firma y en plan lector de aula: cómo se hace, qué dice la ley y en qué se diferencia del de centro.
Los cuatro fallos que se repiten en los planes de instituto
- Copiar el de Primaria. Cumple la norma de Primaria, que pide tiempo diario, y no la de la ESO, que pide lectura en todas las materias.
- Dejarlo en manos de Lengua. Un solo departamento no puede aplicar un acuerdo que la norma dirige a todas las materias, por muy bien redactado que esté.
- No proteger el rato en el horario. En un centro con diez profesores por grupo, lo que no está en el horario no ocurre. Es el apartado que más conviene concretar y el que casi siempre queda genérico.
- Tratar 4.º como un curso más. Tiene carácter orientador por norma, y es la última oportunidad de trabajar la lectura que se usa fuera del aula.
En resumen
- En la ESO la norma pide leer en todas las materias; en Primaria pide tiempo diario
- Ninguna de las dos fija libros, títulos ni minutos: eso lo concreta el centro
- El plan se reparte mejor por tipos de texto que por novelas para todos
- 1.º y 2.º: proteger el rato y dejar elegir, que es donde se pierde el hábito
- 4.º tiene carácter orientador: lectura de la que se usa fuera del instituto
- Un objetivo que no se puede comprobar en junio no es un objetivo
Preguntas frecuentes
¿Qué dice la ley sobre el plan lector en la ESO?
Menos de lo que se cree, y algo distinto de lo que dice para Primaria. El desarrollo de la LOMLOE para esta etapa es el Real Decreto 217/2022, y su artículo 6.3 establece que «a fin de promover el hábito de la lectura, se dedicará un tiempo a la misma en la práctica docente de todas las materias». Fíjate en las dos diferencias con Primaria: aquí no aparece la palabra «diario», y en cambio sí aparece «todas las materias». La norma estatal no fija minutos, ni libros al año, ni títulos: eso lo concreta cada comunidad autónoma y, sobre todo, el proyecto educativo del centro.
¿El plan lector de la ESO es cosa del departamento de Lengua?
No, y esa es la consecuencia práctica más importante del artículo 6.3. Si la norma pide dedicar un tiempo a la lectura en la práctica docente de todas las materias, un plan que solo compromete a Lengua Castellana y Literatura deja fuera a la mayoría del claustro. En Primaria un tutor sostiene casi todo el horario de su grupo y puede aplicar el plan solo; en la ESO ese mismo grupo pasa por ocho o diez profesores distintos, así que el plan o se acuerda en claustro o no ocurre.
¿Cuántos libros hay que leer en cada curso de la ESO?
Ninguna norma estatal fija un número, igual que en Primaria. Cualquier cifra que encuentres —tres por curso, uno por trimestre— es criterio de un centro, de una comunidad autónoma o de una editorial, no una obligación legal. Lo que funciona es calcularlo desde el tiempo que de verdad está protegido en el horario y no al revés, porque el plan que promete de más no acaba recortando el número de libros: acaba recortando el trabajo sobre cada uno, que es justo lo que hace lectores.
¿Qué cambia en 4.º de la ESO?
Que deja de ser un curso más. El Real Decreto 217/2022 dice en su artículo 3.3 que «el cuarto curso tendrá carácter orientador, tanto para los estudios postobligatorios como para la incorporación a la vida laboral», y un plan lector coherente con eso se parece poco al de 1.º. Es el curso para meter lectura de la que se usa fuera del instituto: prensa, ensayo divulgativo, textos técnicos, un contrato. Para una parte del alumnado, 4.º es la última lectura guiada de su vida académica.